Nazareth Castellanos - El puente donde habitan las mariposas
En este último tiempo leí dos libros de Nazareth Castellanos que vuelven una y otra vez sobre una idea que hoy también aparece mucho en neurociencia: la experiencia no ocurre solo en la mente, sino en la relación continua entre el cuerpo y el entorno.
En ese marco, la respiración no es solo un proceso fisiológico. Es de los pocos procesos del cuerpo que podemos modular de forma voluntaria, y por eso se vuelve una herramienta muy directa para influir en la atención y en el estado interno.
Lo interesante no es la respiración como técnica en sí, sino lo que deja ver: que el estado mental no está separado del estado corporal. Y que pequeños cambios en cómo respiramos modifican la manera en que percibimos lo que nos pasa.
En El puente donde habitan las mariposas, aparece el concepto de interocepción: la capacidad del organismo de percibir su propio estado interno. Esa percepción no depende de un único sistema, pero la respiración es una de las vías más directas y accesibles para observarla en la práctica.
Desde ahí, la práctica deja de ser solo “observar la respiración” como algo aislado, y pasa a ser un entrenamiento de la atención sobre un proceso vivo, cambiante, que conecta cuerpo, entorno y mente en el momento presente.
No se trata de reducir la experiencia a la respiración. Sino de reconocer que la respiración ya está dentro de la experiencia.
Y en ese punto, la observación deja de ser algo que se “hace” en sentido técnico, y se acerca más a un modo de estar:
“Concéntrese en su respiración sin alterarla, respetando su esencia, sea cual sea. Obsérvela como aquel que asoma a un balcón sin ánimo de ver nada. Como si supiera que debe mirar con unos ojos que esperan eternamente. No hay absolutamente nada más que hacer. La vida nos permite este escondite”.






